Las post-guerras de Afganistán e Irak, los atentados diarios en países como Paquistán,  regímenes políticos que persiguen a las personas por opiniones políticas, religión o condición sexual, una interminable guerra civil que se viene librando desde 2011 en Siria, sin unas perspectivas reales de terminar, las precarias condiciones de vida a las que muchas personas se enfrentan día a día en los países del Magreb o el cierre fronterizo por medio de vallas y concertinas entre Marruecos y las ciudades de Ceuta y Melilla son sólo algunas de las muchas razones por las cuales la ruta marítima entre Turquía y Grecia se convirtió desde  comienzos del 2015 en una de las principales rutas migratorias mundiales.   Esta ruta ha supuesto una trampa mortal para miles de personas que buscan un futuro digno,  convirtiendo los escasos kilómetros de mar que separan estos dos países en un inmenso cementerio. El cierre de fronteras el pasado febrero de 2016 a cargo de Austria, y extendido uno a uno a todos los países Balcánicos, ha convertido a Grecia en una prisión casi infranqueable donde se estima que han quedado atrapadas más de 50.000 personas sin posibilidad de continuar su ruta hacia el resto de países  europeos.

Tras la firma del acuerdo UE-Turquía, contrario a tratados y  convenios internacionales de protección a refugiados, las cifras de personas que han logrado cruzar esta ruta ha  disminuido de forma drástica, gracias a los esfuerzos del gobierno turco, previo pago de 6.000 millones de euros y varias promesas políticas. Aun así, cada día cientos de  personas siguen poniendo sus vidas en manos de las mafias,  pagando precios abusivos por un pasaje en estas travesías de la muerte, en su intento por cruzar hacia tierras  europeas. No lo hacen buscando crecer económicamente,  buscando el acceso a los servicios sociales europeos, o por  cualquier otra razón que no sea escapar de las bombas, los  atentados, la intolerancia y en una legítima búsqueda de un futuro digno.

Postwar Afghanistan and Iraq, daily attacks in countries like Pakistan, political regimes that persecute people for political opinions, religion or sexuality, an endless civil war that has been fought since 2011 in Syria, without real prospects Finally, the precarious living conditions faced by many people on a daily basis in the Maghreb countries or the border closure by means of billboards and concertinas between Morocco and the cities of Ceuta and Melilla are just some of the many reasons why Which the maritime route between Turkey and Greece became one of the main migratory routes worldwide since the beginning of 2015. This route has been a deadly trap for thousands of people looking for a decent future, turning the few miles of sea that separate these two countries into a huge cemetery. The closing of borders in February 2016 by Austria, and extended one by one to all the Balkan countries, has made Greece a prison almost impassable where it is estimated that more than 50,000 people have been trapped without possibility to continue their Route to the rest of European countries.

Following the signing of the EU-Turkey agreement, contrary to international refugee protection treaties and agreements, the numbers of people who have crossed this route have fallen drastically, thanks to the efforts of the Turkish government, with a payment of 6 billion Euros and several political promises. Even so, every day hundreds of people continue to put their lives in the hands of mafias, paying abusive prices for a passage in these crossings of death, in their attempt to cross to European lands. They do not seek to grow economically, seeking access to European social services, or for any reason other than escape from bombs, attacks, intolerance and a legitimate search for a decent future.